¿Cómo hace una marca argentina para llegar a una de las pasarelas más exigentes del mundo? ¿Cómo se construye, desde el sur, una propuesta capaz de sostener identidad en el centro de la industria global?
La respuesta tiene que ver con oficio, con visión estética, con resiliencia y, sobre todo, con trabajo. Deblanco, el atelier fundado por dos amigas llamadas Marian y Cami, lo acaba de demostrar al presentar su colección en New York Fashion Week. Juntas convirtieron un proyecto construido “a pulmón” en una presencia internacional.
“Presentar en NYFW fue una emoción enorme y un hito muy importante para nosotras”, cuentan. La marca arrancó en 2019 con una visión clara de lo que querían construir. Siempre trabajaron —dicen— con convicción y esfuerzo, pero ver sus diseños en una pasarela internacional fue otra dimensión. “No fue solo un desfile, fue un momento que nos recordó por qué empezamos y todo el camino que recorrimos hasta acá. Nos dio la certeza de que vale la pena sostener una identidad propia”.
Esa identidad se forjó mucho antes del nombre Deblanco. Ambas son diseñadoras de indumentaria de la UBA y trabajaron juntas en Giesso, donde aprendieron sastrería y desarrollaron una mirada rigurosa sobre la construcción de la prenda. Luego se especializaron en alta costura y vestidos a medida. Hubo experiencia en el exterior, años de aprendizaje y finalmente, a fines de 2018, la decisión de crear algo propio.
En junio de 2019 nació formalmente Deblanco. Empezaron con una idea que en ese momento no era tan común: diseñar trajes para novias. Ese civil de líneas puras y sastrería impecable se convirtió en su sello insignia. Hoy el atelier combina una línea de civil por talles —con posibilidad de personalización— y una línea de ceremonia completamente a medida. Con el objetivo de que cada novia deba sentirse ella misma.
“Creemos que cada novia es única y que lo que elija usar en su día debe representarla”, explican. Sus looks son, como ellas mismas los definen, “lienzos en blanco listos para ser intervenidos con la personalidad de cada novia”. Vestir novias disruptivas, irreverentes y extraordinarias es parte de su ADN creativo.
Pero llegar a Nueva York implicó algo más que creatividad. Cuando recibieron la convocatoria, a fines de octubre, tenían apenas tres meses para desarrollar una colección: “teníamos que armar ocho conjuntos, en el rubro de alta costura y sastrería, que es sumamente detallista y artesanal”.
El desafío de Marian y Cami era sostener el nivel artesanal en plena temporada alta de novias. “Fue un proceso muy intenso. El gran desafío fue poder equilibrar todo y sostener el nivel creativo y de calidad que buscamos. Fue exigente, pero también muy lindo y gratificante”.
La producción se realizó íntegramente en Argentina, junto a su equipo de siempre. “Trabajamos junto a nuestros sastres y modistas de siempre”, cuentan. Los bordados fueron hechos a mano por ellas mismas. Cada pieza fue pensada y ejecutada con precisión. Incluso el traslado fue parte del cuidado extremo: “Cada uno de los diseños viajó con nosotras en el avión. No quisimos despacharlos por temor a que algo pudiera pasar… Por suerte, llegaron impecables”.
Ya en Nueva York, el proceso continuó con la misma minuciosidad. “Tuvimos un día de casting, donde a través de un desfile seleccionamos a las modelos que más se alineaban con nuestra visión”. Luego llegó el fitting: “probando cada look y marcando ajustes para que todo quedara perfecto”. Hubo producciones de fotos, últimos bordados a mano y detalles finales hasta horas antes del show.
“El día del desfile fue una verdadera montaña rusa de emociones”, contaron. Habían enviado previamente música y referencias de maquillaje y pelo a la productora, y todo se ejecutó como lo imaginaron. El aplauso final terminó de sellar la experiencia.
“La respuesta fue muy buena. Nos emocionó mucho el aplauso y que después se acercara tanta gente a felicitarnos y a consultarnos por los diseños”. En una ciudad donde la exigencia es máxima, sentir interés real por su propuesta fue, para ellas, una confirmación.
Y ahí aparece otra clave para entender cómo una marca argentina llega a NYFW: identidad sin literalidad. “Creemos que nuestros diseños representan a la Argentina desde un lugar auténtico. No necesariamente desde lo literal, sino desde la actitud y la sensibilidad con la que creamos”. Hablaron de una mezcla de fuerza, sutileza y emoción. También de resiliencia. Crear y sostener una marca en Argentina implica adaptarse, reinventarse y trabajar con recursos a veces limitados.
“Ninguna de las dos tiene una familia con mucha plata como para invertir mucho en nosotras, así que es muy a pulmón”, dicen con honestidad. Y quizás esa sea la verdadera respuesta a la pregunta inicial.
¿Cómo llega una marca argentina a New York Fashion Week? Con oficio. Con identidad clara. Con una comunidad que confía. Con producción local y ambición global.
Deblanco cruzó el hemisferio sin dejar de ser lo que es. Y en esa coherencia —más que en la pasarela— está el verdadero logro.